Mereció la pena esperar

Nunca he pasado tantos amargos momentos,
tan difíciles, no cesaban los tormentos.
Tan terrible es ignorar lo que llegará.
La felicidad, me decía desolado,
parece que nunca comenzará.

En estas cuatro paredes tan silenciosas
hemos vivido gran cantidad de cosas.
Tú y yo nos prometimos amor eterno
y ahora me enfrento a la realidad
y es que estoy inmerso en el infierno.

La desgracia, murmuraba, me ha alcanzado.
Cupido, de nuevo, se ha equivocado.
Jamás pensé que esto pudiera suceder
pasaban los días y yo no sabía
que al final del túnel te volvería a ver.

Y aquí estamos los dos unidos de nuevo,
contra todo: viento, lluvia y fuego.
Cumpliste tu promesa pese a todo mal,
fuiste sincera y más fuerte que yo
escribiendo la felicidad como punto final.

Tú y yo, decían tus labios carmín
que apenas recordaba, beso al fin.
Sé que tus lágrimas son de alegría
las mías también de arrepentimiento.
No confié en ti, que tanto me querías.

Pero eso ya no importa nada para mí.
Por supuesto lo mismo te ocurre a ti.
Porque somos almas de la misma raíz.
Y, como sucede en los cuentos de hadas,
al final, reiremos y comeremos perdiz.

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